en “EL TEJAR” su gente CON SABIDURíA Y MANOS HÁBILES, daban VIDA
AL BARRO.
Moldes para cerámica
Moldes para vasijas
Moldes para tejas
Moldes de tinacos de barro
A pocos minutos del centro de Saquisilí, se encuentra la población de la comuna El Tejar, los habitantes del lugar tenían la habilidad de darle vida al barro convirtiendo en hermosos utensilios, las familias del cantón esperaban que llegue el día jueves para comprar: pondos, tiestos, ollas, platos, los mismos que era un lujo tener en cada hogar.
Don Daniel Chicaiza nativo de la Comunidad El Tejar de 68 años de edad, nos relata parte de su vida: sus padres fueron Juan Chicaiza y María Nicolasa Yugcha, es el quinto de siete hermanos, sus estudios los realizó en la escuela Francisco de la Peña terminó hasta el cuarto grado porque en esa época no había más, sus profesoras en ese tiempo fueron: la Srta. Isabel Jarrín e Isabel Armas, ellas le capacitaron ahí aprendió a sumar, restar y multiplicar.
Recuerda con nostalgia como era la alfarería en su lugar de nacimiento, su madre tenía unas manos hábiles para trabajar con el barro, ella elaboraba: ollas, tiestos, pondos en cambio su padre era increíble, compraba juguetes de barro y de ahí sacaba los moldes y empezaba a reproducir, realizaba juguetes como: reyes magos, payasitos, la vaquita, el toro, la oveja, las figuras decoraba y pintaba, ahí sacaba al mercado, su padre era una persona muy inteligente.
Manifiesta que en la comuna todas las familias se dedicaban a elaborar la alfarería de barro ese era el oficio, de eso vivían y tenían para la alimentación, vestuario. De las personas que más se acuerda que trabajaban con el barro eran: Santos Chicaiza, Celindo Ninasunta y Antonio Ninasunta todos ellos ya han fallecido.
Cuenta que, cuando tenía 8 años aprendió de sus padres el arte de darle vida al barro, su padre le enseñaba a pintar los juguetes, sin manchar con las rayitas bien exactas, su madre le enseño a bruñir los pondos, a poner en el horno las piezas de barro.
El proceso que solían hacer era: primero ir a las minas a seleccionar el barro exactamente para ese tipo de trabajo, se traía cargando a la espalda, le ponían a secar en el sol, luego se golpeaba con un mazo, de ahí se cernía, una vez cernido se procedía a amasar sobre una plancha de piedra hasta que quede parecido a melcocha, esa masa se utilizaba para la elaboración de todo tipo de trabajo de alfarería.
Para la elaboración de los pondos manifiesta que cuando le sacaban del molde tenía que llushcar con una piedra pequeña y un cuero de zapato, luego se bruñía hasta que quede bien lizo y se parezca azulejo.
Para la elaboración de los juguetes se demoraban un par de horas, primeramente, se colocaba el barro en el molde y luego de una hora le sacaban del mismo y lo exponían a secar en el sol, una vez secado le colocaban en el horno, su madre realizaba diez pondos y ollas diarios para sacar la mercadería a vender.
El horno lo realizaban en la mitad del patio, acomodaban bien los pondos, las ollas, los tiestos, alrededor ponían los juguetes, de ahí la paja, prendían fuego y cuidaba que no se reviente hasta que este amarillito la pieza de barro, este proceso duraba dos horas, luego se dejaba que enfrié, después se pasaba agua de cola, se seleccionaba la pintura para colorear, pintaban con pinceles finitos hechos de los cabuyos.
Don Daniel, nos cuenta que por los años 60 no había trasporte para llevar a las ferias las artesanías, el único medio eran los burros que llevaban con mucho cuidado para que no se rompan y también llevaban cargando en la espalda y cuando se iban a Latacunga a vender los barros, salían a las tres de la mañana y pasaban caminado por Poalo.
En la época que más se vendía los juguetes era en finados y para diciembre que iban comprando para arreglar los pesebres, el costo de los pondos, era de 8 riales hasta 1 sucre, los juguetes costaban 5 riales dependiendo del juguete
En la comuna El Tejar solo el padre de Don Daniel hacia juguetes, el resto de familias se dedicaban a hacer pondos, ollas, tiestos y puños para la chicha, sus padres trabajaron hasta fines de los años 70.
La venta de los objetos de barro era buena y todo iba bien, hasta que apareció en el mercado en esa época tiesto de lata, el barril para cargar agua, el molino para moler, ahí cambio todo, señala que cuando apareció estos accesorios ya no se vendía como antes y de a poco se fue perdiendo la producción, los últimos de la comuna que se quedaron trabajando con el barro fueron Don Santos Chicaiza (+) y Manuel Yugcha (+) que trabajaron hasta los últimos días de sus vidas y nadie más continúa con esta actividad.
Don Daniel Chicaiza con los moldes de barro en sus manos y con mucha melancolía manifiesta que en esa época cuando vivían sus padres fue tan linda, su padre con mucha sabiduría elaboraba objetos y le daba vida al barro, expresa que solo le han dejado los recuerdos y los moldes que trabajaba. (C.L.A.2021)
